Al volver de un paseo por el parque lo ves enseguida: una mancha de barro en la cinta de la tripa, algún rastro de hierba en la cinta del hombro y ese color claro que ya no luce tan fresco como hace una semana. Un arnés para perro pequeño acumula más suciedad de lo que imaginas. Y como se lleva a diario, pegado a la piel y al pelo, cuidarlo no es un detalle menor.
Por suerte, tampoco es una tarea que lleve mucho tiempo. Si lo haces con cabeza, apenas te dará trabajo.
Empieza por el interior
La parte interior del arnés es la que más se ensucia, y también la que más se suele olvidar. Al estar en contacto directo con la piel, se acumulan grasa, caspa y pelillos, sobre todo en razas de pelo rizado como los maltipoos y los cavapoos. Con el tiempo, eso acaba causando irritación, aunque desde fuera no se vea nada.
Cada pocos paseos, pasa un paño húmedo por la cara interior. Para el cuidado diario basta con agua tibia. No necesitas ningún producto especial.
Lavado a máquina
Nuestros arneses se pueden lavar sin problema en la lavadora, a 30 grados. Eso sí, mételos en una bolsa de lavado para prendas delicadas, para que la hebilla y la anilla en D no golpeen el tambor y el tejido se mantenga bonito. Usa un detergente suave y neutro, sin perfume y sin suavizante.
¿Es solo una manchita? Entonces también puedes lavarlo a mano en agua tibia con un poco de jabón suave. Frota con cuidado a lo largo de las cintas y aclara bien.
Sécalo como es debido
Deja secar el arnés en horizontal, ni en la secadora ni directamente al sol. El sol fuerte del verano, y en mayo ya hay de sobra, puede apagar los colores y endurecer los materiales elásticos. Déjalo secar a temperatura ambiente, sobre una toalla o en el respaldo de una silla.
Antes de volver a ponérselo, comprueba que esté seco del todo, también las partes acolchadas más gruesas. Un arnés húmedo atrae antes la suciedad y, con el uso prolongado, puede acabar con manchas de moho.
Hebillas y anillas, siempre limpias
Las hebillas metálicas y las anillas en D merecen una atención especial. Después del lavado, sécalas con un paño para que no se oscurezcan ni se oxiden. En las hebillas de plástico, revisa si hay pequeñas grietas o deformaciones: son la primera señal de que pronto habrá que cambiarlas.
¿La correa va sujeta a la hebilla con un mosquetón giratorio? Muévelo de vez en cuando para que siga girando con suavidad y puedas engancharla siempre en un momento, incluso cuando vas con prisa.
Un vistazo rápido después de cada paseo
No hace falta lavar el arnés entero después de cada salida. Lo que sí ayuda: sacudirlo, quitar el pelo suelto y comprobar que no se hayan quedado enganchados abrojos ni semillas en el material. Los perros pequeños de pelo rizado recogen este tipo de cosas con mucha más facilidad de lo que crees, y esos restos de plantas pueden, con el tiempo, estropear el material o pincharle.
¿Cuándo hay que cambiar de verdad un arnés?
Un arnés bien cuidado dura mucho, pero hay señales de que ha llegado el momento de cambiarlo: bordes deshilachados, una hebilla que ya no cierra con firmeza, zonas desgastadas en el interior o un elástico que ha dado de sí. Un arnés que ya no resulta cómodo no es un problema de mantenimiento, sino de seguridad, sobre todo en perros pequeños, en los que un buen ajuste lo es todo.
En la colección de Holy Moly encontrarás arneses para perros pequeños diseñados pensando precisamente en todo esto.